Lo parresiástico
Foto de Carlos Blanco
¿Cómo se asume la parresía desde este espacio? La franqueza en el decir tiene sus costos, pero comporta también una relación virtuosa con la verdad, en la medida en que esta se pone al servicio del bien común. Para Sócrates (foto), el decir debía corresponderse con una determinada configuración de la vida; o, dicho de otro modo, con un testimonio ético y estético capaz de conferir coherencia a la relación entre las palabras y los actos. Por ello, según Michel Foucault, Sócrates fue el parrhesiastés –esto es, quien dice la verdad– por excelencia: mediante su decir veraz fue capaz de exponerse a sí mismo al riesgo de provocar la ira de otros, herir susceptibilidades o afectar intereses, con las posibles consecuencias sobre su integridad física, su reputación o su propia vida. Asumir una actitud parresiástica implica, necesariamente, un componente de coraje: el coraje de decir la verdad.
Foucault entiende que, en esta actitud virtuosa, la figura del parrhesiastés encarna simultáneamente una dimensión ética y una política, en términos del gobierno de sí y de los otros frente al problema de la verdad. Se trata, en ese sentido, de una forma de hacer de la propia vida una obra de arte, orientada por la verdad y atravesada por una preocupación concreta por la vida de los demás. De allí que el ejercicio de la crítica no sea otra cosa que un proyecto orientado a la búsqueda de la libertad.
Dos mil cuatrocientos años después del paso de Sócrates por este mundo, en un contexto atravesado por dispositivos de gobierno –entre los cuales los medios de comunicación ocupan un lugar central– que penetran todos los aspectos de la vida individual y colectiva, asumir una actitud parresiástica se vuelve incluso una necesidad existencial.
Es indudable que las posturas pasivas resultan más convenientes en términos de ventajas inmediatas. Sin embargo, no caben dudas acerca de su egoísmo intrínseco, de su falta de compromiso con la libertad de los otros y con toda forma de virtud; incluso, de su cobardía. Esta situación resulta particularmente peligrosa en un mundo en el que la comunicación constituye un campo decisivo de producción discursiva de la vida misma, y en el que operan actores dispuestos a poner en juego la libertad y la vida de las personas, afectando trayectorias vitales humanas, ecosistemas naturales y la salud del planeta.
Todo ello se inscribe en el contexto de la persistente hegemonía de grandes conglomerados mediáticos que, desde posiciones privilegiadas, actúan como legitimadores de una producción simbólica asociada a una determinada forma de vida –la neoliberal–. Esto exige un ejercicio crítico de desenmarañamiento de las relaciones de poder sobre las que se construyen dichos discursos, relaciones frente a las cuales resulta necesario resistir.
No obstante, existen también trayectos comunicacionales dispuestos a asumir las consecuencias de pronunciar verdades con coraje, consecuencias que en el mundo contemporáneo pueden adoptar la forma de pérdidas económicas, desprestigio, marginación o incluso –en ciertas regiones aún hoy– amenazas directas contra la vida. Para estos parrhesiastas, hay certezas cuya fuerza inquietante supera cualquier beneficio egoísta, cualquier lucro eventual o cualquier pauta publicitaria. Para ellos, la verdad merece ser dicha porque, en última instancia, desde el ejercicio de la crítica, lo que está en juego es la propia libertad y la de los otros, ejerciendo así una modesta pero significativa dosis del coraje que Sócrates supo encarnar, aun a riesgo de su propia vida.
La subjetividad
A diferencia de la objetividad –erigida tradicionalmente como el valor profesional supremo–, Parresía Online se constituye como un artefacto de experimentación en el laboratorio de la subjetividad periodística. El proyecto tiene su génesis en el trayecto investigativo doctoral titulado «La producción biopolítica de la subjetividad del periodista», la cual indaga en las configuraciones críticas dentro del marco histórico neoliberal y analiza cómo estas trayectorias aportan a la producción de la narrativa epocal.
Quedando satisfecha la fase estrictamente académica, el impulsor de la iniciativa, Daniel Lencina1, optó por proyectar esta base hacia nuevos desafíos, entregándose a nuevos devenires a través de la experimentación y la apertura. A este proceso de transformación se integraron las contribuciones de Enver Vargas Murcia2, Úrszula Adamek3 y Adriana Álvarez4, junto con el soporte técnico de AFC Diseños Web5 y JLE Tecnologías Web6. Parresía Online se nutre, asimismo, de los autores que aportan sus análisis críticos, de estudiantes interesados en sus propuestas formativas y de una comunidad de seguidores que sostiene el diálogo en los canales digitales.
Es decir que mantenemos una estructura independiente y autosustentable. Y es porque partimos de la convicción de que la problematización del ecosistema comunicacional contemporáneo debe abordarse desde una construcción comunitaria y autónoma, condición indispensable para el ejercicio pleno de la crítica.
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