Los innumerables homenajes tras el reciente fallecimiento de Jürgen Habermas (1929–2026) claramente hacen justicia con su legado, tanto en lo que respecta a su pensamiento particular como a la contribución crítica de toda la Escuela de Frankfurt. En tiempos en que detenerse a pensar parece casi un exceso, el atrevimiento de cuestionar la modernidad ha erigido al filósofo alemán en una celebridad.
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En una anterior entrega se planteaban los argumentos de lo lejano que, pese a las severas circunstancias de desempleo, precarización y reforma laboral, puede resultar pensar en la emergencia de una revolución auténticamente socialista en la Argentina del presente. Aunque el argumento popular afirme que las experiencias socialistas en países como Rusia, China, Venezuela y Cuba fueron fallidas.
El extraño inicio del 2026, cuyo punto más dramático fue el bombardeo a Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro para ser enjuiciado de manera artificial en Estados Unidos, amenaza con fracturar un sinfín de certezas sobre las que se asentaba el hegemónico discurso político y lo que queríamos creer sobre el orden multilateral.
Las constantes diatribas del presidente argentino Javier Milei contra el colectivismo y los principios socialistas –desde calificar a Karl Marx como un «barbudo empobrecedor» hasta afirmar que la «verdadera teoría de la explotación» es la del propio Marx– no solo dan cuenta del populismo que atraviesa su excéntrica discursividad.
La izquierda mundial padece en la actualidad de un inmovilismo histórico. Parte del problema se encuentra en la inherente contradicción histórica entre el reformismo y las políticas revolucionarias que fue tan determinante para la izquierda en todo el siglo XX. No obstante, esta contradicción hoy resulta más problemática porque el reformismo ha perdido fuelle.
Quienes hoy lanzan gritos de sorpresa y se dejan obnubilar por el supuesto ascenso de las derechas son aquellos personajes que han sabido anidar en el aparato institucional de las sociedades políticas de finales de los ochenta y han callado ante las barbaridades de la embestida neoliberal. Da lo mismo si son políticos, académicos, periodistas y divulgadores. Son un subtipo de «ciudadanos» que ha.
Parresía Online mantiene abierta, de manera permanente, la recepción de manuscritos para su publicación digital. Esta convocatoria está dirigida a investigadoras e investigadores, estudiantes, periodistas, docentes y escritores interesados en intervenir en el debate público desde una escritura rigurosa, crítica y accesible. Se buscan textos que, sin adoptar el formato académico convencional.
Si en algo los habitantes del mundo actual podemos asumir que somos más o menos igualmente privilegiados es en estar atestiguando todo un cambio de época, entre un mundo que fue tal durante 200 años, que tuvo su esplendor durante el Siglo XX y su clímax a partir del final de la II Guerra Mundial. Fue –y adviértase la insistencia en el pretérito– un mundo marcado por la excitación del consumo, la visión del éxito marcado por formas de trabajo.
El ascenso de políticos como Orbán, Meloni y Erdoğan en Europa, del fundamentalista Modi en Asia o de personajes como Milei, Bukele, Boluarte y Noboa en América Latina, han saltado todas las alertas de los medios masivos de divulgación.
Algo que nos aclara el contexto colombiano actual —marcado por el asedio político/mediático a Petro— y el contexto internacional —a su vez caracterizado por el atroz genocidio que sufre desde hace décadas el pueblo palestino, ahora intensificado— es la enorme disonancia, la mayúscula dificultad que tiene la política liberal para ubicar su marco de acción y pensamiento frente a la atrocidad.










