El extraño inicio del 2026, cuyo punto más dramático fue el bombardeo a Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro para ser enjuiciado de manera artificial en Estados Unidos, amenaza con fracturar un sinfín de certezas sobre las que se asentaba el hegemónico discurso político y lo que queríamos creer sobre el orden multilateral. Las consignas más ingenuas acusan un supuesto fin del mítico «orden internacional basado en reglas». En general, la tónica ha sido una pura constatación de los hechos: parece imperar «la ley del más fuerte».

